Acá les dejo el link con la entrevista que me hicieron en Cadena 3 de Córdoba sobre el libro.
También pueden escuchar ahí mismo el audio de la entrevista.
José Sbrocco
Los periodistas Nicolás Balinotti y José Sbrocco investigaron al gobernador de Tucumán, José Alperovich, y lo plasmaron en un libro que se llama El Zar tucumano, impreso por editorial Dunken. La obra refleja el caudillismo como estilo de gobierno en la Argentina.
viernes, 26 de agosto de 2011
miércoles, 24 de agosto de 2011
Nueva edición, nuevos puntos de ventas
Ante el cerco que le impusieron a algunas librerías para vender el libro José Alperovich, el zar tucumano; los autores José Ignacio Sbrocco y Nicolás Balinotti crearon nuevos puentes para vender el libro, editado por Dunken.
En Tucumán se lo puede conseguir en:
Librería El Quijote de Tucumán (Chacabuco y San Lorenzo)
Kioscos de revistas: El Molino, en la San Martín y Junín, al lado de la Caja Popular por la calle San Martín, en la San Martín y Rivadavia, en Lamadrid y Congreso, en la 25 de Mayo y Santiago.
En Yerba Buena: Kiosco Polito (avenida Aconquija al 2000)
Pero la novedad es que también lo podés conseguir en Mercado Libre, haciendo clik aquí
En Buenos Aires, lo podés pedir en Editorial Dunken (Ayacucho y Corrientes) y en Librería Hernández (Corrientes al 1300 y al 1400). En la editorial lo podés pedir por internet también en la página de la editorial.
En Tucumán se lo puede conseguir en:
Librería El Quijote de Tucumán (Chacabuco y San Lorenzo)
Kioscos de revistas: El Molino, en la San Martín y Junín, al lado de la Caja Popular por la calle San Martín, en la San Martín y Rivadavia, en Lamadrid y Congreso, en la 25 de Mayo y Santiago.
En Yerba Buena: Kiosco Polito (avenida Aconquija al 2000)
Pero la novedad es que también lo podés conseguir en Mercado Libre, haciendo clik aquí
En Buenos Aires, lo podés pedir en Editorial Dunken (Ayacucho y Corrientes) y en Librería Hernández (Corrientes al 1300 y al 1400). En la editorial lo podés pedir por internet también en la página de la editorial.
martes, 16 de agosto de 2011
La inútil retórica del silencio
Pobre Miguel Frangoulis. ¡Qué pena lo de Mario Kostzer! Una lástima la frágil autonomía de la agencia privada que distribuye los diarios y revistas en los quioscos tucumanos. Causa desdicha, también, leer un informe periodístico sobre las lecturas preferidas de los tucumanos. Entre tantos títulos mencionados, ni siquiera se enumeró fugazmente el nombre de una obra que, bien o mal, bajó en tinta la manera en cómo se ejerce el poder real en la provincia. Existe una preocupante verdad: los tucumanos comentan en los café sobre esta obra más que leerla. Es así por una subterránea prohibición que limitó su venta y distribución.
Sin embargo, a pesar de estas restricciones, la obra “José Alperovich. El zar tucumano” ya se imprimió por segunda vez a través de la editorial Dunken. Esto demuestra la avidez de un lector interesado por ampliar su caudal de conocimiento en un distrito en el que, a veces, se mantiene un oxidado monopolio de la información.
El amplio debate cultural parece no haber pasado las fronteras de la provincia. Frangoulis, dueño de la librería El Griego, lejos de promover la pluralidad que emana el mundo de los textos, se fastidia ante el público que cruza las puertas de su comercio y consulta por “El Zar”. Ahuyenta al cliente con una ligera réplica política, como si fuera él quien debiera defender al gobernador Alperovich. Frangoulis no es un funcionario. Es un revolucionario de café. Sólo eso…de café y de palabras. No en los hechos. No se conocen sus gestas.
Famoso por su simpática obra “El pelotudo argentino”, Kostzer sí es un innovador en lo relativo a los textos. Sus ideas vanguardistas se reflejaron en su título. También en su búsqueda por hacer de su comercio, La Feria del Libro, un sitio mucho más rentable que un stand con libros. Allí montó su editorial de textos, aunque se desconoce si reglamentó un derecho de admisión, como lo hizo para vender “El zar tucumano”. Una pena, siendo Mario tan capaz.
La agencia Rómulo Guzmán se excusó de distribuir “El zar” dejando en claro que es una firma privada que carece de libertad e independencia. “Apretaron al dueño”, explicó derrotado el empleado Fernando Torres al romper el acuerdo que había sellado apenas unas horas antes con los autores del libro.
¿Qué leen los tucumanos? Muchas cosas. El tucumano es culto y exigente. Así como es capaz de engullirse en una noche a Auster, Oé o Kapuscinski, también es atraído por las historias de la política contemporánea. Sean historias lejanas o domésticas. Por eso, más allá de las omisiones de un suplemento dominical, suponemos que en más de una biblioteca o en alguna mesa de luz, una obra de “El zar tucumano” descansa a la espera de ser leída.
Quienes escribimos, queremos ser leídos. Es obvio. Y nos sentimos leídos, a pesar de las inútiles restricciones, los caprichos y el rol genuflexo de muchos comerciantes.
Gracias a todos los lectores y a su respaldo para que “El zar” se divulgue y se distribuya. Gracias a todos por esta nueva edición que ya circula pese a la retórica excluyente del silencio que ciertos sectores aún pugnan por imponer.
Sin embargo, a pesar de estas restricciones, la obra “José Alperovich. El zar tucumano” ya se imprimió por segunda vez a través de la editorial Dunken. Esto demuestra la avidez de un lector interesado por ampliar su caudal de conocimiento en un distrito en el que, a veces, se mantiene un oxidado monopolio de la información.
El amplio debate cultural parece no haber pasado las fronteras de la provincia. Frangoulis, dueño de la librería El Griego, lejos de promover la pluralidad que emana el mundo de los textos, se fastidia ante el público que cruza las puertas de su comercio y consulta por “El Zar”. Ahuyenta al cliente con una ligera réplica política, como si fuera él quien debiera defender al gobernador Alperovich. Frangoulis no es un funcionario. Es un revolucionario de café. Sólo eso…de café y de palabras. No en los hechos. No se conocen sus gestas.
Famoso por su simpática obra “El pelotudo argentino”, Kostzer sí es un innovador en lo relativo a los textos. Sus ideas vanguardistas se reflejaron en su título. También en su búsqueda por hacer de su comercio, La Feria del Libro, un sitio mucho más rentable que un stand con libros. Allí montó su editorial de textos, aunque se desconoce si reglamentó un derecho de admisión, como lo hizo para vender “El zar tucumano”. Una pena, siendo Mario tan capaz.
La agencia Rómulo Guzmán se excusó de distribuir “El zar” dejando en claro que es una firma privada que carece de libertad e independencia. “Apretaron al dueño”, explicó derrotado el empleado Fernando Torres al romper el acuerdo que había sellado apenas unas horas antes con los autores del libro.
¿Qué leen los tucumanos? Muchas cosas. El tucumano es culto y exigente. Así como es capaz de engullirse en una noche a Auster, Oé o Kapuscinski, también es atraído por las historias de la política contemporánea. Sean historias lejanas o domésticas. Por eso, más allá de las omisiones de un suplemento dominical, suponemos que en más de una biblioteca o en alguna mesa de luz, una obra de “El zar tucumano” descansa a la espera de ser leída.
Quienes escribimos, queremos ser leídos. Es obvio. Y nos sentimos leídos, a pesar de las inútiles restricciones, los caprichos y el rol genuflexo de muchos comerciantes.
Gracias a todos los lectores y a su respaldo para que “El zar” se divulgue y se distribuya. Gracias a todos por esta nueva edición que ya circula pese a la retórica excluyente del silencio que ciertos sectores aún pugnan por imponer.
viernes, 22 de julio de 2011
Cuáles son las trabas para vender el libro
A 18 días de la presentación del libro José Alperovich, el zar tucumano, el personaje del libro hizo referencia a la investigación periodística editada por Dunken. "Son unos mentirosos, jamás me preocupo por eso. Que vendan el libro donde quieran. Yo cuido la democracia como hecho, no solamente como palabra", dijo el gobernador, en diálogo con periodistas que cubrían su recorrida matinal.
Desde diversos medios de comunicación tomaron nota de las restricciones para comercializar el libro. Hasta este momento habíamos preservado a las librerías, pero vamos a dar a conocer públicamente todas las restricciones que sufrió la venta de "El Zar tucumano".
Un empleado de la librería Los Primos, ubicada en la calle Muñecas 288, reconoció que sufrió presiones por la venta de la obra. "Te van a inspeccionar todo", le advirtieron. Ante esa presión, el encargado me dijo: "Lo vamos a vender, pero con bajo perfil. No lo vamos a exhibir en la vidriera".
Lo siguió vendiendo unos días más, y de pronto no solicitó más ejemplares. Lo fui a visitar y me dijo: "Tuve 24 inspecciones. No puedo arriesgar la fuente de trabajo de seis personas por un libro". Su sentencia fue tajante.
A la librería El Griego, en Muñecas 287, lo fui a visitar tres veces. La última, me pidió un remito de la editorial Dunken para recibir los ejemplares. Conseguido ese trámite, el lunes 18 de julio le dejé 24 libros. A amigos que me preguntaban dónde vendían el libro, los envié a esa librería. Misteriosamente, me llamaron unas horas más tardes para advertirme que no quedaban más libros allí. Fui el miércoles 20 de julio a ver cómo iba la venta y para saber si necesitaban más ejemplares. "La venta va bien", me dijo el dueño, sin mirarme a la cara. Le consulté si tenía más ejemplares y me respondió que sí. Entonces, le comenté que había mandado a unos amigos a comprarlo ahí y que no se lo habían querido vender.
"Yo no quiero comisarios políticos. Tengo 40 años de librero, nadie me va a decir a quién le vendo y a quién no; ni donde tengo que exhibir los ejemplares. Sé quiénes son tus amigos, por eso no le quise vender", reconoció.
Entonces, le respondí: "Para qué me hacés venir cuatro veces si no vas a vender los libros. Me hubieses dicho de entrada y no perdía tiempo", le dije.
Se enfureció.
A la noche mandé a retirar los libros que le habían quedado. Retiré los 24 que había dejado inicialmente. No había vendido ni uno a pesar de las decenas de clientes que pidieron un ejemplar de "El zar".
Lo más grave, tal vez, fue lo de la distribuidora Rómulo Guzmán, que comercializa las revistas Noticias, Caras y Gente en la provincia. Me habían prometido distribuir el libro en 100 puntos de ventas entre Tucumán y Salta. Al día siguiente fui a dejar los ejemplares, 72 en total, y la promesa de dejar más entre lunes y martes para continuar con la entrega. Hasta se había acordado la división del porcentajes de las ganancias: el 30 por ciento era para el canillita, el 10 por ciento para la distribuidora y el 60 por ciento restante para los autores, José Sbrocco y Nicolás Balinotti.
Lo llamativo fue que a las dos horas llamó Fernando Torres para decirme que vaya a buscar los libros, que no los iban a poder distribuir "porque habían apretado al dueño", que en ese momento estaba en Paraguay.
Cuando fui a retirar los libros, el encargado de la distribución lamentó la medida porque tenía muchos pedidos y que iba a necesitar pronto que le restituyera más ejemplares. "Ni en la dictadura nos prohibieron repartir algo", me dijo otro empleado que veía cómo me entregaban los libros.
Las trabas a los quioscos
No sólo las librerías y la distribuidora Rómulo Guzmán fueron víctimas de persecuciones oficiales. También la sufrieron los quioscos de diarios y revistas. En la puerta de la Gran Vía se vendía el libro con total éxito, hasta que de repente dejó de solicitar los ejemplares, cuando la comisión que quedaba para el canillita superaba ampliamente la media del mercado: 40 por ciento. "Tengo miedo que me levanten el quiosco", me dijo antes de devolverme 10 ejemplares que había escondido en un placard del local Beige, en San Martín al 600.
Otros canillitas también se negaron a recibir los libros por temores oficiales, como el que está ubicado en el Shopping del Portal, en Yerba Buena. Había vendido 12 ejemplares en un solo día. "Vienieron los enviados de José, me dijo, y me preguntaron cómo estaba inscripto en ganancias, sobre los pagos de monotributo. Prefiero dejar de venderlo", me dijo anoche Dócile, el titular del puesto.
Un caso similar vivió el kiosco Polito, también en Yerba Buena. "Vino un hombre y me dijo que no podía vender el libro porque estaba prohibido por el gobierno. Entonces, le dije que ´quién era para prohibirme vender el libro´ y me amenazó con clausurarme el local. Hice una llamada telefónica y le pasé el tubo. Al rato se fue sin decir ni siquiera chau".
En sus palabras, el gobernador no desmintió ni una línea del contenido del libro, sino que refutó la información sobre las restricciones a las ventas. Queda claro, con este post publicado en el blog, cuáles son las restricciones, con nombres y apellidos.
Otra situación incómoda es el silencio de los diarios tucumanos sobre esta situación. Como publicamos en otro post, La Nación, Clarín y Perfil se hicieron eco de lo expuesto por el diputado nacional por Tucumán Juan Casañas (UCR) y ningún diario tucumano lo hizo. Lamentable.
José Sbrocco jsbrocco@gmail.com
Desde diversos medios de comunicación tomaron nota de las restricciones para comercializar el libro. Hasta este momento habíamos preservado a las librerías, pero vamos a dar a conocer públicamente todas las restricciones que sufrió la venta de "El Zar tucumano".
Un empleado de la librería Los Primos, ubicada en la calle Muñecas 288, reconoció que sufrió presiones por la venta de la obra. "Te van a inspeccionar todo", le advirtieron. Ante esa presión, el encargado me dijo: "Lo vamos a vender, pero con bajo perfil. No lo vamos a exhibir en la vidriera".
Lo siguió vendiendo unos días más, y de pronto no solicitó más ejemplares. Lo fui a visitar y me dijo: "Tuve 24 inspecciones. No puedo arriesgar la fuente de trabajo de seis personas por un libro". Su sentencia fue tajante.
A la librería El Griego, en Muñecas 287, lo fui a visitar tres veces. La última, me pidió un remito de la editorial Dunken para recibir los ejemplares. Conseguido ese trámite, el lunes 18 de julio le dejé 24 libros. A amigos que me preguntaban dónde vendían el libro, los envié a esa librería. Misteriosamente, me llamaron unas horas más tardes para advertirme que no quedaban más libros allí. Fui el miércoles 20 de julio a ver cómo iba la venta y para saber si necesitaban más ejemplares. "La venta va bien", me dijo el dueño, sin mirarme a la cara. Le consulté si tenía más ejemplares y me respondió que sí. Entonces, le comenté que había mandado a unos amigos a comprarlo ahí y que no se lo habían querido vender.
"Yo no quiero comisarios políticos. Tengo 40 años de librero, nadie me va a decir a quién le vendo y a quién no; ni donde tengo que exhibir los ejemplares. Sé quiénes son tus amigos, por eso no le quise vender", reconoció.
Entonces, le respondí: "Para qué me hacés venir cuatro veces si no vas a vender los libros. Me hubieses dicho de entrada y no perdía tiempo", le dije.
Se enfureció.
A la noche mandé a retirar los libros que le habían quedado. Retiré los 24 que había dejado inicialmente. No había vendido ni uno a pesar de las decenas de clientes que pidieron un ejemplar de "El zar".
Lo más grave, tal vez, fue lo de la distribuidora Rómulo Guzmán, que comercializa las revistas Noticias, Caras y Gente en la provincia. Me habían prometido distribuir el libro en 100 puntos de ventas entre Tucumán y Salta. Al día siguiente fui a dejar los ejemplares, 72 en total, y la promesa de dejar más entre lunes y martes para continuar con la entrega. Hasta se había acordado la división del porcentajes de las ganancias: el 30 por ciento era para el canillita, el 10 por ciento para la distribuidora y el 60 por ciento restante para los autores, José Sbrocco y Nicolás Balinotti.
Lo llamativo fue que a las dos horas llamó Fernando Torres para decirme que vaya a buscar los libros, que no los iban a poder distribuir "porque habían apretado al dueño", que en ese momento estaba en Paraguay.
Cuando fui a retirar los libros, el encargado de la distribución lamentó la medida porque tenía muchos pedidos y que iba a necesitar pronto que le restituyera más ejemplares. "Ni en la dictadura nos prohibieron repartir algo", me dijo otro empleado que veía cómo me entregaban los libros.
Las trabas a los quioscos
No sólo las librerías y la distribuidora Rómulo Guzmán fueron víctimas de persecuciones oficiales. También la sufrieron los quioscos de diarios y revistas. En la puerta de la Gran Vía se vendía el libro con total éxito, hasta que de repente dejó de solicitar los ejemplares, cuando la comisión que quedaba para el canillita superaba ampliamente la media del mercado: 40 por ciento. "Tengo miedo que me levanten el quiosco", me dijo antes de devolverme 10 ejemplares que había escondido en un placard del local Beige, en San Martín al 600.
Otros canillitas también se negaron a recibir los libros por temores oficiales, como el que está ubicado en el Shopping del Portal, en Yerba Buena. Había vendido 12 ejemplares en un solo día. "Vienieron los enviados de José, me dijo, y me preguntaron cómo estaba inscripto en ganancias, sobre los pagos de monotributo. Prefiero dejar de venderlo", me dijo anoche Dócile, el titular del puesto.
Un caso similar vivió el kiosco Polito, también en Yerba Buena. "Vino un hombre y me dijo que no podía vender el libro porque estaba prohibido por el gobierno. Entonces, le dije que ´quién era para prohibirme vender el libro´ y me amenazó con clausurarme el local. Hice una llamada telefónica y le pasé el tubo. Al rato se fue sin decir ni siquiera chau".
En sus palabras, el gobernador no desmintió ni una línea del contenido del libro, sino que refutó la información sobre las restricciones a las ventas. Queda claro, con este post publicado en el blog, cuáles son las restricciones, con nombres y apellidos.
Otra situación incómoda es el silencio de los diarios tucumanos sobre esta situación. Como publicamos en otro post, La Nación, Clarín y Perfil se hicieron eco de lo expuesto por el diputado nacional por Tucumán Juan Casañas (UCR) y ningún diario tucumano lo hizo. Lamentable.
José Sbrocco jsbrocco@gmail.com
jueves, 21 de julio de 2011
La censura al Zar tucumano, en los medios
La restricción a la venta en Tucumán de la obra periodística "José Alperovich. El zar tucumano" tuvo repercusión en los principales medios del país.
El diario La Nación: Presión de Alperovich
El semanario Perfil, en su edición digital: Denuncian censura de un libro sobre la vida del gobernador Alperovich
El diario Clarín: Peleas por el libro sobre Alperovich
El libro, editado por Dunken, se puede conseguir en Tucumán en la librería El Quijota (San Lorenzo 699). En Buenos Aires se puede adquirir en Ayacucho 357 (esquina Corrientes).
Contacto: jsbrocco@gmail.com y nbalinotti@lanacion.com.ar
El diario La Nación: Presión de Alperovich
El semanario Perfil, en su edición digital: Denuncian censura de un libro sobre la vida del gobernador Alperovich
El diario Clarín: Peleas por el libro sobre Alperovich
El libro, editado por Dunken, se puede conseguir en Tucumán en la librería El Quijota (San Lorenzo 699). En Buenos Aires se puede adquirir en Ayacucho 357 (esquina Corrientes).
Contacto: jsbrocco@gmail.com y nbalinotti@lanacion.com.ar
viernes, 15 de julio de 2011
Más presiones para distribuir El Zar tucumano
Después de restringir la venta del libro “El zar tucumano” en algunas librerías, el gobierno de José Alperovich frenó la distribución de ejemplares que iban a ser entregados en kioscos de diarios por la agencia Rómulo Guzmán, la misma firma que reparte las revistas Noticas y Caras en la provincia.
La distribuidora había acordado con los autores del libro el reparto de 150 ejemplares en Tucumán y Salta. Incluso, hasta se había acordado la división de ganancias: 30 por ciento para el canillita, 10 para la agencia y un 60 para los autores. Sin embargo, a un día de iniciar la distribución, Fernando Torres, de la agencia Rómulo Guzmán, comunicó: “No distribuiremos el libro porque recibimos presiones del gobierno”.
La restricción en las ventas y en la distribución del libro “José Alperovich. El zar tucumano” sirve como botón de muestra del poder del gobernador para tener a la provincia en un puño.
La obra periodística, una suerte de biografía política de Alperovich, no se comercializa en todas las librerías tucumanas debido a presiones oficiales, según comentaron algunos empresarios del sector.
Desde la Dirección de Rentas enviaron mensajes de advertencias a las librerías en caso de exhibir “El zar tucumano” en sus vidrieras. Así lo reconoció el propietario de un importante comercio del centro tucumano. Las advertencias del organismo que preside Pablo Clavarino se habrían extendido a otras librerías.
El vocero de Alperovich, Ignacio Golobisky, rechazó tajantemente cualquier responsabilidad del Gobierno con las restricciones que está sufriendo la publicación. “El Gobierno no le puede imponer qué libro vender a las librerías. No tenemos absolutamente nada que ver”, explicó Golobisky tras la consulta de los autores, los periodistas José Sbrocco y Nicolás Balinotti.
En La Feria del Libro, “El zar tucumano” comenzó a venderse con buen ritmo tras su lanzamiento, pero el dueño del comercio decidió no comercializarlo más. “Tiene un tufillo antisemita”, se justificó Mario Kostzer.
A pesar de las restricciones, “El zar tucumano”, editado por Dunken, se puede adquirir en la librería El Quijote (San Lorenzo 699), en El Griego (Muñecas 287), y en diferentes kioscos de diarios y revistas de San Miguel de Tucumán.
También se lo puede comprar en Buenos Aires en Ayacucho 357 (esquina Corrientes).
La distribuidora había acordado con los autores del libro el reparto de 150 ejemplares en Tucumán y Salta. Incluso, hasta se había acordado la división de ganancias: 30 por ciento para el canillita, 10 para la agencia y un 60 para los autores. Sin embargo, a un día de iniciar la distribución, Fernando Torres, de la agencia Rómulo Guzmán, comunicó: “No distribuiremos el libro porque recibimos presiones del gobierno”.
La restricción en las ventas y en la distribución del libro “José Alperovich. El zar tucumano” sirve como botón de muestra del poder del gobernador para tener a la provincia en un puño.
La obra periodística, una suerte de biografía política de Alperovich, no se comercializa en todas las librerías tucumanas debido a presiones oficiales, según comentaron algunos empresarios del sector.
Desde la Dirección de Rentas enviaron mensajes de advertencias a las librerías en caso de exhibir “El zar tucumano” en sus vidrieras. Así lo reconoció el propietario de un importante comercio del centro tucumano. Las advertencias del organismo que preside Pablo Clavarino se habrían extendido a otras librerías.
El vocero de Alperovich, Ignacio Golobisky, rechazó tajantemente cualquier responsabilidad del Gobierno con las restricciones que está sufriendo la publicación. “El Gobierno no le puede imponer qué libro vender a las librerías. No tenemos absolutamente nada que ver”, explicó Golobisky tras la consulta de los autores, los periodistas José Sbrocco y Nicolás Balinotti.
En La Feria del Libro, “El zar tucumano” comenzó a venderse con buen ritmo tras su lanzamiento, pero el dueño del comercio decidió no comercializarlo más. “Tiene un tufillo antisemita”, se justificó Mario Kostzer.
A pesar de las restricciones, “El zar tucumano”, editado por Dunken, se puede adquirir en la librería El Quijote (San Lorenzo 699), en El Griego (Muñecas 287), y en diferentes kioscos de diarios y revistas de San Miguel de Tucumán.
También se lo puede comprar en Buenos Aires en Ayacucho 357 (esquina Corrientes).
martes, 5 de julio de 2011
El Zar: puntos de venta
La obra periodístca "José Alperovich. El zar tucumano" se puede conseguir en los siguientes puntos de venta en San Miguel de Tucumán:
El Quijote: Chacabuco y San Lorenzo.
Además, también se podrá adquirir en diferentes kioscos de diarios y revistas del centro tucumano.
También está disponible en otras librerías, pero no quieren que su nombre salga en el blog por las amenazas de mandarles Rentas.
Donde se lo consigue son:
En la puerta de la Gran Vía (San Martín 648)
Al lado de la Caja Popular sobre San Martín al 400
Rivadavia y San Martín
Al lado del bar El Molino (24 de septiembre al 500)
24 de Septiembre y Laprida (sobre 24)
Nueva modalidad: entrega a domicilio
Si querés recibir el libro en tu casa en Tucumán mandá un mail a jsbrocco@gmail.com
Si lo querés recibir en Buenos Aires mandá un mail a nbalinotti@lanacion.com.ar
Pronto informaremos de los puntos de venta en Yerba Buena.
En Buenos Aires se puede adquirir en Editorial Dunken: Ayacucho 357, casi esquina Corrientes. Pronto también estará en algunas librerías porteñas.
El Quijote: Chacabuco y San Lorenzo.
Además, también se podrá adquirir en diferentes kioscos de diarios y revistas del centro tucumano.
También está disponible en otras librerías, pero no quieren que su nombre salga en el blog por las amenazas de mandarles Rentas.
Donde se lo consigue son:
En la puerta de la Gran Vía (San Martín 648)
Al lado de la Caja Popular sobre San Martín al 400
Rivadavia y San Martín
Al lado del bar El Molino (24 de septiembre al 500)
24 de Septiembre y Laprida (sobre 24)
Nueva modalidad: entrega a domicilio
Si querés recibir el libro en tu casa en Tucumán mandá un mail a jsbrocco@gmail.com
Si lo querés recibir en Buenos Aires mandá un mail a nbalinotti@lanacion.com.ar
Pronto informaremos de los puntos de venta en Yerba Buena.
En Buenos Aires se puede adquirir en Editorial Dunken: Ayacucho 357, casi esquina Corrientes. Pronto también estará en algunas librerías porteñas.
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